
Eres la más elevada y hermosa de las virtudes,
principio y eternidad pura
de las más grande de las noblezas,
sensual ternura
que alimenta los sentidos en mi alma,
única, inmaculada,
en tu ser se encendieron las estrellas
y en dorada aureola
el sol te coronó con su dignidad.
Eres espejo sublime
que no refleja llanto ni paz entristecida,
santuario del templo
de amor primigenio y fecundo,
calor de madre, espíritu de ángel,
inocencia que no toca vanidades
ni sueños fugaces,
primera luz que aclara mis últimas dudas,
silencio acallado en el vientre materno,
ojos de divina inocencia,
fuego que consume súbitas mentiras y engaños,
el beso que no se extermina,
la roca que no se esparce en las costas,
el destello de sol y mercurio
que agita su humedad
en la profundidad de los bosques,
la mañana y la tarde
abiertas ante mi frente descalza de tiempo,
el aire de miles de rosas
cubiertas en tu cálido aliento de mujer,
el trigo y la savia,
mi sangre y tu pelo enredado en suaves arrullos,
la caricia que da vida,
el sueño que no arrebata,
mi última ilusión y mi más noble ambición,
eres simplemente el gran amor
que apasiona suavemente mi alma enamorada.
(L.Zanni)