martes, 23 de noviembre de 2010

Flotando



En el dintel del tiempo

tu cuerpo voló por las alturas,

sumido en su reposo

tu alma desnudó sus harapos.

Vieja fragancia

en canciones de cuna

tu mano al partir

perfumó en un sereno adiós.


Los ángeles susurraron tu muerte

cuando tu cuerpo aún no existía.


Sollozos lamentos dejó tu regreso

en el borde de la tarde mullida,

palideciendo las estrellas

con tus palabras ya perdidas.


Ecos enmudecidos

clavaron las sábanas

que tiñeron tu respuesta.


Dónde estará el relato perfecto

aquel que brotó de tus labios partidos,

dónde inexistente tus consejos

perdieron mis oídos sin volver a oírte.


Sólo en esta angustia

mi nombre proclama tu sangre.

Congénitas preguntas me inundan

dispersas y enmudecidas.

Tu voz prisionera,

tu presencia esparcida

promulgan su único efecto:

“Las sentencias se suspenden en el aire

como en el aire tu alma se va dormida”.

(a la muerte de mi padre)
L.Zanni

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