
En el dintel del tiempo
tu cuerpo voló por las alturas,
sumido en su reposo
tu alma desnudó sus harapos.
Vieja fragancia
en canciones de cuna
tu mano al partir
perfumó en un sereno adiós.
Los ángeles susurraron tu muerte
cuando tu cuerpo aún no existía.
Sollozos lamentos dejó tu regreso
en el borde de la tarde mullida,
palideciendo las estrellas
con tus palabras ya perdidas.
Ecos enmudecidos
clavaron las sábanas
que tiñeron tu respuesta.
Dónde estará el relato perfecto
aquel que brotó de tus labios partidos,
dónde inexistente tus consejos
perdieron mis oídos sin volver a oírte.
Sólo en esta angustia
mi nombre proclama tu sangre.
Congénitas preguntas me inundan
dispersas y enmudecidas.
Tu voz prisionera,
tu presencia esparcida
promulgan su único efecto:
“Las sentencias se suspenden en el aire
como en el aire tu alma se va dormida”.
(a la muerte de mi padre)
L.Zanni