
En el ínfimo perdigón
que al pensamiento dispara,
en el recuerdo que flotando
revive como oráculo la emoción,
en la impaciente ansia que nos incita
con abasallador recelo,
en la brisa primaveral
que nos añade un frágil suspiro,
en la prófuga hoja que despega
su último abrazo a los cimientos,
en el punto impreciso
donde la mirada enamorada se pierde,
en el etéreo puente que une dos seres,
en el pincel que inspira la forma inexistente,
en el traslúcido ventanal
que motiva un mudo verso,
en la flama que con ciego afán
se escabulle entre los vientos,
en el silbido que el ruiseñor
ofrenda entre ocultas ramas,
en el aroma que la lavanda
despide al aire con su danza,
en la estela de luz que se quiebra
en el mutable espejo del oceáno,
en el retrato antiguo
donde la memoria se sumerge,
se abre como capullo de zafiro
la señal que el amor nos brinda
para recordar su inmortal creacion.
(L.Zanni)

