No es fácil enfrentarnos con nuestra oscuridad, no es sencillo comprender lo que allí reside y aflora bajo ciertas condiciones y situaciones.
Vivimos en una zona de la vida donde todo parece rutinario y cada día es una réplica del anterior en cuanto a tareas y preocupaciones, en esa rutina no nos sentamos a pensar que haré diferente hoy, qué aprenderé de mi, qué conoceré nuevo del insondable mundo que está en mi mente y en mis emociones.
La oscuridad que llevamos se manifiesta, pero requiere del estímulo que nos invite a la rabia, a los miedos, a la tristeza. Nuestros ojos solo ven hacia afuera, mas dentro de cada uno existe un mundo que es tan extenso como el infinito, inexprorable por la ciencia y por la psicología. En el universo hay un 95% que está compuesto por materia y energía oscura, de lo cual la ciencia casi nada sabe. Así.tambuen en nosotros está ese mundo insondable, profundo, misterioso que jamás nos han enseñado a mirarlo ni a contemplarlo para conocernos, es más, se evita a lo largo de los años a enfrentarlo, a sanarlo. En esa oscuridad mora lo que somos en un 95%, todo está allí, traumas, rabias, miedos, dolores, el origen de nuestras dolencias, de nuestras aflicciones, también la conexión con el inmutable todo.
¿Qué hacemos para explorarlo ?
Observarnos con amor, llevar la atención hacia dentro tambien porque lo que sucede en la mente y en el corazón son parte del paisaje y de las situaciones que vivimos. El primer paso para conocer esa oscuridad es llevar la linterna de nuestra atención y descubrirnos, sin juicios, sin calificativos, como si estuviéramos explorando el territorio más inquietante de la vida, solo así podremos sentar las bases para una transformación en el extenso camino que nuestra alma emprende existencia tras existencia.
Leonidas Zanni
