Cuenta la leyenda que el maestro Yong le pidió a su discípulo que tomara una pelota de tenis y la envolviera con lana. Cuando el discípulo terminó se acercó al maestro y le preguntó
- Maestro ya terminé, ¿Para qué es esto ?
- Amado discípulo, ¿ Qué acabas de hacer ?
- Envolver una pelota con lana
- ¿ Y sigue siendo una pelota ?
- Sí, pero ya no se ve, está cubierta
- ¿ Y lo que la cubre le ha restado la propiedad de ser una pelota ?
- No, solo la ha cubierto
- ¿ Y qué ves entonces ?
- Una lana roja y una forma redonda
- Así es nuestra naturaleza, el alma está envuelta en una forma que no le resta su propiedad, pero al envolverla nos deja ver solo la forma y el color, y olvidamos lo que está dentro que es lo sustancial.
Escritor Leonidas Zanni Zabala
