
No se perderá
el estigma del azafrán inmolado en la puerta del frío
ni el perfume vaciado de los campos de lavanda
ni la búsqueda de la maravilla hacia el faro hidrogenado,
no se perderá
la caricia etérea de la beluga aliviando el trayecto
ni el latido constante del océano exhumando su propiedad
ni la lealtad de las ballenas en el Samaná,
no se perderá
el cinturón de luces que el sol ofrenda en los polos
ni los designios eternos en las tierras incas
ni los vértices anestesiados de rayos en los desiertos,
no se perderá
el pulso de un beso en los ojos enamorados
ni los dedos agitados de sangre buscando el abrazo
ni el soneto que no arribó a su destino ansiado,
no se perderá
la fuerza que del alma se desprende
para volver al amanecer de la vida
en cada latido a este mundo de luces y aroma.
(L.Zanni)
(L.Zanni)