Nuestro reencuentro,
no fue algo que el viento haya dibujado,
fue un instante mágico
que en los planos superiores de conciencia
se tejió antes de presentirnos.
Nuestro reencuentro estaba escrito en las estrellas,
en esas mismas que observábamos
cada noche buscando respuestas.
Nuestro reencuentro
es el principio de lo que jamás soñamos,
de lo que creímos imposible de dibujar en una sola alma.
Nuestro reencuentro es el obsequio
de persistir en lo necesariamente correcto
para dirigirnos a la hermosamente sensato.
