La vida fluye sin alegatos,
en condición pura y serena,
sin rabias, sin miedos
como un cristalino río
que se desplaza hacia su propio origen.
La vida no concibe en su rumbo
los olvidos ni los fracasos,
no hace alarde de sus triunfos,
porque sostener su propia energía y orden
constituye su función autocontenida.
La vida tampoco discrimina
ni tiene preferencias,
no juzga ni divide,
va más allá de la acción propia
que la hace manifestar..
La vida es una composición autosostenida,
un eterno calibrar,
un infinito sustentar.
La vida no admite arrebatos
ni discusiones,
no propicia tampoco la preocupación constante,
ni el sueño inalcanzable.
La vida no requiere títulos
ni ufanarse de estudios ni postgrados,
la vida es inteligencia básica pero suprema
que fluye en cada célula y organismo.
La vida cumple ciclos,
uno tras otro,
sin fechas de vencimiento
porque está inmersa
en los pulsos majestuosos de lo eterno.
Toda la desarmonía que el hombre ha impuesto
es un disfraz agregado que no guarda relación
con la sintonía cósmica de amor y paz.
Leonidas Zanni
miércoles, 29 de octubre de 2014
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