Los espejos de la madrugada
suavizan el sendero inhòspito
que nos impulsa hacia el ansia sagrada,
nada està escrito en el desánimo
nada en la insistente letanía,
lo que anhelamos requiere de un empuje
que desate los nudos que generamos,
no de una inercia indolente.
La rutina y el miedo
taladran nuestra consecuencia
y sin percatarnos fundimos la magia,
alteramos el avance sublime
y volvemos a este mundo
a repetir la obra inconclusa
que besó nuestra gènesis.
El primer acto revela
como un presagio nuestra misión:
salir de la oscuridad
con tropiezo pero decisión
y aprender a caminar en la luz
(L.Zanni)
suavizan el sendero inhòspito
que nos impulsa hacia el ansia sagrada,
nada està escrito en el desánimo
nada en la insistente letanía,
lo que anhelamos requiere de un empuje
que desate los nudos que generamos,
no de una inercia indolente.
La rutina y el miedo
taladran nuestra consecuencia
y sin percatarnos fundimos la magia,
alteramos el avance sublime
y volvemos a este mundo
a repetir la obra inconclusa
que besó nuestra gènesis.
El primer acto revela
como un presagio nuestra misión:
salir de la oscuridad
con tropiezo pero decisión
y aprender a caminar en la luz
(L.Zanni)
